"Abrácense" el uno al otro

“Ayúdense unos a otros a llevar sus cargas, y así cumplirán la ley de Cristo.”1

Charles Swindoll comparte cómo, en el otoño de cierto año, Linda, una joven mujer, viajaba sola por la difícil carretera de Alberta, Canadá, al Yukón. Linda no sabía que uno no debe de viajar sola a Whitehorse en un viejo Honda Civic, así que ella se fue por el camino a donde solamente los autos con tracción en los cuatro neumáticos/llantas se aventuran normalmente. 

La primera tarde ella encontró un cuarto en las montañas cerca de una cumbre y pidió que la despertaran a las 5 de la mañana para poder salir temprano. AL principio ella no pudo entender la expresión de sorpresa en la recepcionista cuando pidió que se le despertara a esa hora, pero al despertar a la mañana siguiente y ver como la neblina cubría las montañas lo pudo comprender.

No deseando parecer absurda, ella se levantó y fue a desayunar. Dos camioneros invitaron a Linda a que los acompañara, y puesto que el lugar era tan pequeño, ella se sintió obligada.

“¿A dónde se dirige?” le preguntó uno de los camioneros

 “Whitehorse,” ella contestó.

¿En ese pequeño Honda?” dijo uno de ellos. “¡De ninguna manera! Este camino es muy PELIGROSO en este tipo de clima.”

“Estoy determinada a intentarlo,” fue la audaz mas no muy informada respuesta de Linda.

“Entonces me imagino que tendremos que abrazarte,” sugirió el camionero.

Linda se hizo hacia atrás. “¡De ninguna manera voy a permitirle que me toque!” dijo ella airadamente.

“¡No es ASI!” contestaron los camioneros riéndose entre dientes. “Pondremos un camión delante de usted y uno en la parte posterior. De esa manera, le ayudaremos a atravesar las montañas.”

Todas la brumosa mañana Linda siguió los dos puntos rojos (luces traseras) del camión enfrente de ella, y se sentía segura por saber que alguien conducía detrás de ella mientras que conducían con toda seguridad a través de las montañas.

Atrapados en la niebla en nuestro peligroso camino por vida, necesitamos “ser abrazados,” dice la Chuck Swindoll. Con compañeros cristianos que conocen el camino y pueden guiarnos con toda seguridad, y con otros detrás, animándonos suavemente a continuar hacia adelante, también nosotros podemos caminar con toda seguridad.2

Se sugiere la siguiente oración: “Dios mío, por favor dame amigos que me apoyen durante el camino de la vida, y ayúdame a ser ese amigo para los que sufren. Gracias por escuchar y responder a mi oración.  En el nombre de Jesucristo, Amén.” 

1. Gálatas 6:2 (NKJV).
2. Charles R. Swindoll, Growing Strong in the Seasons of Life (Grand Rapids: Zondervan, 1994), página 286.

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