El perdón—tercera parte

Perdón: El poder que libera

“De modo que se toleren unos a otros y se perdonen si alguno tiene queja contra otro. Así como el Señor los perdonó, perdonen también ustedes.”1

Hace cierto tiempo en un artículo del Time2 inspirado por el perdón del Papa Juan Pablo a la persona que trató de asesinarlo, Mehmet Ali Agca, el periodista Lance Morrow escribió, “El caso psicológico para el perdón es abrumadoramente persuasivo. El no perdonar es como estar encarcelado por el pasado, por los viejos agravios que no permiten que la vida proceda con cosas nuevas.

“No perdonar es rendirse al control de otra persona. Si uno no perdona, entonces uno es controlado por las iniciativas de otros y queda atrapado en una secuencia de acción y respuesta, de ira y de venganza, esto por aquello, algo que va escalando siempre. El presente es inmensamente abrumador es devorado por el pasado. “

El perdonar es el liberarse del pasado.

Jesucristo nos mostró otra verdad alarmante sobre un espíritu inclemente cuando él dijo “Porque si perdonan a otros sus ofensas, también los perdonará a ustedes su Padre celestial. Pero si no perdonan a otros sus ofensas, tampoco su Padre les perdonará a ustedes las suyas.”3

Creo que lo que Cristo nos dijo era que un espíritu implacable de mi parte puede indicar que no le he demostrado a Dios verdaderos remordimiento por todos mis pecados y faltas, o que no he aceptado completamente o experimentado el perdón de Dios.

Además, una actitud inflexible es destructiva para las relaciones personales. Es evidente que muchas relaciones cercanas, especialmente las relaciones de la pareja, son destruidas no tanto por lo que se ha hecho pero por qué no se ha hecho—perdonarse el uno al otro.

Cuando fallo y no puedo perdonar a alguien que me ha lastimado, se levanta una pared de resentimiento que se acumula entre nosotros y eventual nos separa. Pero una vez que perdono, las sensaciones del amor y de aceptación pueden ser restauradas, cuando sea apropiado. Digo “cuando sea apropiado” porque hay ocasiones, por ejemplo en casos de abuso o de una falta de arrepentimiento, cuando el perdón no debe conducir a la restauración de la relación sin la resolución por parte de quien fue ofendido. 

El perdonar a otro, sin embargo, no significa que ignoremos la justicia. El Papa Juan Pablo perdonó a quien intentó asesinarlo, pero a hombre permanecido en la prisión, y muy merecidamente. Y donde quisiéramos que otros nos perdonaran, desearemos hacer todos en nuestro poder para hacer una restitución justa. 

Incluso el perdón de Dios exige justicia porque él dio a su único Hijo, Jesucristo, para que él pagara por la pena de todos nuestros pecados a través de su muerte en la cruz, porque la muerte es el juicio de Dios así como la consecuencia natural de todo el pecado. Así el perdón más grande que podamos recibir es el del perdón de Dios, confesándole nuestros pecados y pidiéndole a Jesucristo que entre en nuestros corazones y en nuestras vidas como nuestro salvador personal. Para ayudarle haga esto, leen el artículo,

“Como estar seguros de ser un cristiano en realidad” en: https://learning.actsweb.org/sp/conocer_a_dios1.php   

Continuará … ¡porque el perdón no es un evento, es un proceso!

Se sugiere la siguiente oración: “Dios mío, por favor ayúdame a estar totalmente consciente de la profundidad de tu perdón para mí para así estar mucho más dispuesto y listo para perdonar a todos los que me han lastimado.  Gracias por escuchar y responder a mi oración. En el nombre de Jesucristo, Amén.” 

1. Colosenses 3:13 (NIV).
2. Time, 9 de enero de 1984.
3. Mateo 6:14-15 (NIV).

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