La puerta

“Por eso volvió a decirles: ‘Ciertamente les aseguro que yo soy la puerta de las ovejas.’”1

George Adam Smith, el escolar bíblico del siglo 19 cuanta que un día viajando por la Tierra Santa en el camino se encontró con un pastor y sus ovejas. Entraron en conversación y el lugar hacia donde las ovejas eran llevadas para pasar la noche. El lugar consistía de cuatro paredes y una entrada.

El señor Smith le pregunto al pastor, “¿Es aquí donde pasan la noche?

“Sí” respondió el pastor, “y cuando están dentro están perfectamente a salvo.”

“Pero no hay puerta,” dijo el señor Smith.

“Yo soy la puerta,” dijo el pastor.

Él no era un hombre cristiano y no hablaba en el lenguaje del nuevo testamento. Él hablaba desde el punto de vista de un pastor Árabe. 

Smith lo miro y le preguntó, “¿Qué quiere decir con ‘yo soy la puerta?’”

“Cuando la luz se va,” dijo el pastor, “y todas las ovejas están dentro, yo me acuesto en el espacio de la entrada, y ninguna oveja sale al menos que pase sobre mí, y ningún lobo entra a menos que cruce mi cuerpo; yo soy la puerta.” 

Y eso es lo que Jesús es para todos sus hijos, las ovejas de su rebaño. 

Se sugiere la siguiente oración: “Dios mío, gracias por la promesa de que Jesús esta siempre con nosotros sin importar las circunstancias en las que nos encontremos, y de que él quien cuida y protege la puerta a sus hijos—incluyéndome a mí. Gracias por escuchar y responder a mi oración. En el nombre de Jesucristo, Amén.” 

1. Juan 10:7 (NASB).

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