Familia

“Esposos, amen a sus esposas, así como Cristo amó a la iglesia y se entregó por ella.”1

Un día un hombre regreso del trabajo y al entrar a casa se encontró con un desastre. Los niños estaban jugando afuera en el lodo aun en sus ropas de dormir. Había cajas vacías de comida y envolturas por todas partes. Al continuar por la casa, encontró un desorden aun mayor. Los platos en mesa, la comida del perro por todo el piso, un vaso roto debajo de la mesa, y un poco de arena en la entrada trasera. En el cuarto familiar había juguetes y ropa regados por todas partes, y una lámpara estaba en el piso.

Subió las escaleras al segundo piso, pisando sobre los juguetes, para buscar a su esposa. Se estaba empezando a preocupar, pensando que tal vez estuviese enferma, o que algo le hubiese pasado. La encontró en la recamara aún en cama y leyendo un libro.

Ella volteó a mirarlo y le preguntó cómo había sido su día.

El la miró asombrado y preguntó, “¿Qué pasó aquí?” Ella le sonrió y respondió, “Sabes, todos los días regresas de trabajar y me preguntas que fue lo que hice durante el día.”

“Sí,” respondió el esposo.

Y ella respondió, “Bueno, hoy no lo hice.”

Se sugiere la siguiente oración: “Dios mío, ayúdame sin importar la situación de mi matrimonio a amar y a apreciar a mi esposo/a y a los miembros de mi familia como tú quieres que los ame, los aprecie y que con tu ayuda sea como Cristo para ellos. Gracias por escuchar y responder a mi oración. De todo corazón en el nombre de Jesús, amén.” 

1. Efesios 5:25 (NIV).

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