“Y no solo esto, sino que también nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia, y la paciencia carácter probado; y el carácter probado, esperanza.”1
“Una pieza de madera de ébano negro estaba siendo cortada por un ebanista. La madera se quejó pero el ebanista se rehusó a escuchar los quejidos de la madera. Él estaba tallando una flauta. El ebanista parecía decir, “pequeña pieza de madera. Tú piensas que te estoy lastimando y abusando de ti, pero sin estos hoyos y líneas, no podrás llevar a los demás la bella música que calma y tranquiliza el alma y sosiega su dolor y sufrimiento por un tiempo.”
El dolor es un gran motivador. Puede ser y muy seguido es, un llamado de Dios para ayudarnos a cambiar y a crecer. ¿Pero quién quiere cambiar y crecer cuando todo le está yendo bien? Yo no. Solo crezco cuando me siento incomodo con la forma en la que pasan las cosas o con como soy. Y debe de ser de esa manera. Dios desea hacer “bella música” con nuestras vidas. Y depende de nosotros si se lo permitimos o no. En ocasiones el proceso puede ser doloroso, pero el resultado final puede resultar en algo bello.
Se sugiere la siguiente oración: “Dios mío, aquí está mi vida—por favor transfórmame en la persona que tu deseas que me convierta para que mi vida sea un instrumento de paz y harmonía en tus manos para tocar las vidas de todos los que entren en contacto conmigo. Gracias por escuchar y responder a mi oración. De todo corazón en el nombre de Jesús, Amén.”
1. El apóstol Pablo (Romanos 5:3-4, NIV).
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