“Pastoreen la congregación de Dios que están entre ustedes, cuidando de ella, no forzados, sino voluntariamente, no con ganancia deshonesta sino con ánimo pronto. Ni como teniendo señorío sobre los que están a su cuidado, sino siendo ejemplos para la congregación.”1
Esto pasa en los clubs, las iglesias, en el trabajo, en los comités y por lo regular en los lugares donde las personas participan en algún tipo de organización o planeamiento en grupo. Por lo regular siempre hay una persona ‘fuerte’ que tiene la necesidad de estar en control – y mandar a los demás.
El hecho es que estas personas a las que llamamos ‘fuertes’ – personas dominantes y controladoras – son todo menos fuerte. Les gusta controlar porque ellos son débiles, inmaduros e inseguros. La única forma en la que se sienten seguros es cuando ellos están en control o gobiernan sobre los demás. Es difícil trabajar con ellos, el planear con ellos y aun más el vivir con ellos.
Jesús nos da el ejemplo perfecto en cómo vivir y guiar. Él siempre habló con autoridad pero nunca fue autoritario o controlador. Él tenía una fuerza verdadera la cual nunca tuvo la necesidad de controlar o gobernar sobre los demás.
Se sugiere la siguiente oración: “Dios mío, por favor libérame del pecado de controlar y ‘buscar mandar a los demás.’ Si alguna vez hago esto, ayúdame a ver que esto no es una señal de fuerza pero si un síntoma de debilidad e inseguridad y después busque la ayuda que necesito para solucionar mi problema. Gracias por escuchar y responder a mi oración. De todo corazón en el nombre de Jesús, Amén.”
1. 1 Pedro 5:2-3 (NIV).
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