“La fe sin obras está muerta.”1
Una de mis citas favoritas es la de un monje budista que dijo, “El saber y no hacerlo es el no saberlo aún.” Para traducirlo a nuestra terminología cristiana podríamos decir, “El creer y no actuar es el no creer aún porque yo solamente creo en aquello que me motiva a tomar acción.”
También se ha indicado que no siempre actuamos de manera consistente con lo que profesamos pero siempre actuamos de manera consistente a lo que creemos. En otras palabras, tal vez yo profese el ser un cristiano pero si no actúo como uno, existe la posibilidad de que no lo sea.
Además, si yo digo que creo en la segunda venida de Jesucristo y que al menos que la gente lo reciba como su Salvador, ellos se perderán para siempre—pero no hago nada para compartir el evangelio—existe la posibilidad que yo no crea que la gente esté realmente perdida y tampoco creo en la segunda venida de Cristo. Solo estoy expresando una idea.
Como lo dijo Santiago, “De que sirve que alguien diga que tiene fe, si no tiene obras. ¿Acaso podrá esa fe salvarle? El sólo tener fe no es suficiente. También deben de hacer el bien para probar que tienen fe. Así también la fe que no se muestra a sí misma en obras está muerta.”2
Las buenas acciones no nos salvan. Ellas sólo confirman quiénes somos y en lo que creemos. Jesús dijo lo mismo. El declaró, “Por sus frutos se conocerán,”3 En otras palabras, el saber y no hacerlo es el no saberlo aún—o el creer y no actuar es el no creer aún.
¿Ha echado un vistazo a su realidad últimamente para ver exactamente en que es en lo que cree? Mídalo por sus acciones y por la forma en la que vive.
Se sugiere la siguiente oración: “Dios mío, ayúdame a cumplir con tu Palabra y no sólo a escucharla y concédeme que mi creencia en ti sea verdadera—y que sea evidente en lo que hago y en la forma en la que vivo. Gracias por escuchar y responder a mi oración. De todo corazón en el nombre de Jesús, Amén.”
1. Santiago 2:20.
2. Santiago 2:14, 17 (TLB).
3. San Mateo 7:20.
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