“No se dejen engañar; de Dios nadie se mofa. Pues todo lo que el hombre siembre eso también segará.”1
Es un hecho que nuestro estilo de vida afecta la calidad de nuestra vida y la de nuestras familias.
Por ejemplo el alcoholismo afecta a millones de familias e individuos. Cuando se tiene un padre o padres que son alcohólicos esto destroza a las familias y daña de manera terrible a los niños en sus años de desarrollo. Causa una cantidad innumerable de crímenes, incluyendo violaciones, abuso físico y sexual, asesinatos, robos, vidas mutiladas—y masacres en las carreteras.
Los fumadores también afectan de manera adversa a sus seres amados y a los demás. El “Pulpit Heart” reportó que el 30% de todas las muertes por cáncer están relacionadas con el fumar. También existe un riesgo de más grande del 70% de enfermedades del corazón entre los fumadores que entre las personas que no fuman. Aún más, el humo de segunda mano inalado por los miembros de la familia (y otros) que no son fumadores también puede ser mortal.
Y aunque está lejos de ser políticamente correcto decirlo, de acuerdo a un artículo en la antigua revista Moody Monthly, los homosexuales cuentan por la mitad de los casos de sífilis en la nación, a pesar de que ellos representan sólo un pequeño porcentaje de la población. ¿La razón? Promiscuidad. Los homosexuales son también las victimas principales del SIDA y otras enfermedades infecciosas, y son quince veces más probables de cometer un asesinato. Y de acuerdo al servicio de noticias EP, el gobierno de los Estados Unidos gasta más dinero en las investigaciones para la cura del SIDA que lo que gasta en las investigaciones para las enfermedades del corazón. Esto es a pesar del hecho de que las enfermedades cardiacas reclaman 40 veces más muertes al año que el SIDA.
Dios tiene una buena razón para todas sus leyes—incluyendo las que cubren los pecados del espíritu tales como deshonestidad emocional, celos, envidia, odio, resentimientos, ambición, lujuria y el no saber perdonar así como otros más. Todos estos son dañinos para el cuerpo así como para las emociones y el espíritu tanto como el fumar lo es para el cuerpo—y tal vez aún más dañino. Es un hecho que en la vida lo que sembremos, cosecharemos. Esa es la ley de la cosecha.
Se sugiere la siguiente oración: “Dios mío, gracias por tu palabra, la Biblia, que nos da instrucciones claras para una vida sana física y emocionalmente así como en las relaciones y en lo espiritual. Por favor enséñame a amar tu Palabra y a apreciarla profundamente, el deseo de estudiarla, y el buen sentido para seguir las instrucciones que ella se encuentran. Gracias por escuchar y responder a mi oración. De todo corazón en el nombre de Jesús, amén.”
1. Gálatas 6:7 (NIV).
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