Nunca Solo

“Aunque pase por el valle de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo; tu vara y tu callado me infundirán aliento … Ciertamente la bondad y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida y en la casa del SEÑOR viviré por largos días.”1

El Doctor Silvestre relata como, “durante la Segunda Guerra Mundial un joven judío conocido como Salomón, su esposa y sus hijos Jacobo y David fueron sometidos al horror de los campos de concentración nazis. Los prisioneros eran forzados o trabajar horas torturantes en los campos, o eran calcinados en los hornos si se les consideraba de poco valor o ningún valor como trabajadores. El pequeño David tenia una pierna lastimada, la cual requería una abrazadera que lo dejaba imposibilitado parta trabajar en los campos. Al regresar de trabajar Salomón le preguntó a Jacob sobre donde se encontraban el pequeño David y su madre.

“Jacobo susurró, los soldados vinieron para llevar a David a los hornos, y mamá fue con él para que no fuera sólo.”2

Tenemos la promesa del Señor Jesucristo de que a dónde vayamos o lo que experimentemos—incluyendo el valle de la muerte, él estará con nosotros. El Salmista dijo “Aunque pase por el valle de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo.” Y Jesús mismo promete que él de ninguna manera nos dejará o desamparará.3

Y así en este día de Navidad se nos recuerda de manera grafica como Jesús, el eterno Hijo de Dios, llegó como un bebé para nacer en un pesebre en Belén para que nunca tengamos que enfrentar la muerte a solas. Nos amó tanto que fue solo en nuestro lugar a morir en esa atroz, cruel y dolorosa cruz romana para pagar la pena por todos nuestros pecados para que nosotros seamos libremente perdonados por Dios, recibir su regalo de vida eterna, nunca tener que enfrentar la muerte eterna  la cual es la separación eterna de Dios el creador de todo el amor y la vida. 

Se sugiere la siguiente oración; “Dios mío, ¿cómo podré agradecerte lo suficiente por tu gran amor al enviar a tu Hijo, Jesús para que muriera por mí y pagando la pena por todos mis pecados para que yo pueda ser perdonada y recibir el regalo de vida eterna?  Ayúdame a vivir de tal manera que mi vida sea un sacrificio viviente a ti en gratitud por todo lo que has hecho por mí. Gracias por escuchar y responder a mi oración. De todo corazón en el nombre de Jesús, amén.”      

Nota: Si nunca ha recibido el regalo del perdón de  Dios y de vida eterna, por una oración para ayudarle a hacer esto opriman en la “Cómo conocer al Dios” al  https://learning.actsweb.org/sp/conocer_a_dios1.htm

1. Salmos 23:4, 6 (NIV). 
2. Dr. David Sylvester, Denton, Texas.
3. Hebreos 13:5.

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