“Cázanos a las zorras, las pequeñas zorras que echan a perder las viñas; porque nuestras viñas están en flor.”1
Un árbol de cuatro ciento años calló en el bosque. A través de los años había sido golpeado por un rayo en catorce ocasiones, enfrentó fuerte tormentas, así como a un terremoto. Al final sin embargo, lo mataron los insectos. Dentro del tronco, ellos se fueron comiendo su fibra hasta que el gigante del bosque calló al suelo.2
Las cosas pequeñas nos pueden hacer o deshacer. Una pequeña mentira, un pequeño hurto, un poco de pereza, un poco de negligencia, un poco de beber muy seguido, un poco de sarcasmo, las pequeñas contradicciones aquí y allá . . . poco a poco las podemos juntar y eventualmente lastimar y destruir nuestras relaciones, nuestra salud física y mental y nuestro caminar con Dios.
Por otra parte, una pequeña sonrisa, un pequeño acto de caridad, una pequeña palabra de aliento, un pequeño regalo de agradecimiento, una pequeña llamada, un poco de amor que se da muchas veces todos los días puede llegar a ser mucho brillo de sol que se puede repartir donde estemos y a donde vayamos—y al hacer esto animamos a otros, mejoramos nuestras relaciones, y nuestra salud física y mental y agradamos al corazón de Dios.
Se sugiere la siguiente oración: “Amado Dios, por favor ayúdame a observar las pequeñas cosas en mi vida. Ayúdame a limpiar los “pequeños” pecados y hábitos de auto-destrucción que me lastiman y lastiman a los demás, y ayúdame a mantener en practica pequeños actos de amor y caridad hasta que se conviertan en hábitos diarios que mostrarán tu amor por otros y alegrarán tu corazón. Gracias por escucharme y responder a mi oración. De todo corazón en nombre de Jesús, amen.”
1. Cantares 2:15 (NIV).
2. Bill Tucker with Pat Maxwell, “Living a Power-Filled Life.”
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